¿Tu organización necesita aprender algo nuevo o necesita resolver un problema que ya existe?
Aunque puede parecer una pregunta sencilla, la respuesta no siempre es evidente. En ocasiones se contrata capacitación cuando el problema requiere experiencia especializada. En otras, se busca consultoría para una situación que podría resolverse desarrollando las capacidades del propio equipo.
Las consultoras en México ofrecen diferentes alternativas para acompañar a las organizaciones en procesos de transformación, cumplimiento, tecnología, seguridad y gestión. Pero antes de elegir un servicio, conviene entender qué necesita realmente la organización: adquirir conocimiento, desarrollar habilidades, resolver una situación concreta o combinar varias de estas necesidades.
No existe una opción universalmente mejor. La elección depende del punto de partida, del objetivo que se quiere alcanzar y de las capacidades disponibles internamente.
Consultoría y capacitación: dos necesidades diferentes
La diferencia principal está en entender el objetivo.
La capacitación busca que las personas desarrollen conocimientos y habilidades que posteriormente puedan aplicar en su trabajo. El foco está en el aprendizaje y puede ser a mediano y largo plazo.
La consultoría, por otro lado, parte normalmente de una situación concreta que necesita ser analizada. El objetivo es aportar conocimiento especializado para evaluar el problema, diseñar una solución, implementar cambios o acompañar a la organización durante un proceso. Aunque no en todos los caso, suele asociarse con mayor inmediatez.
Esto no significa que una opción sea superior a la otra. Una organización puede tener profesionales perfectamente capacitados y, aun así, necesitar apoyo externo para resolver una situación que requiere experiencia muy específica.
Del mismo modo, puede contratarse una consultoría para implementar un nuevo proceso, pero si el equipo interno no aprende a operarlo después, será difícil mantener los resultados a largo plazo.
¿Cuándo se necesita capacitación?
La capacitación puede ser la alternativa adecuada cuando el principal reto está relacionado con lo que las personas saben o necesitan aprender para desempeñar una función.
Por ejemplo, una organización puede incorporar una nueva tecnología y necesitar que sus equipos aprendan a utilizarla. También puede adoptar una metodología, actualizar sus procesos de seguridad o prepararse para una certificación.
En estos casos, el conocimiento adquirido permanece dentro de la organización y puede aplicarse posteriormente sin depender necesariamente de un tercero.
Una ruta formativa puede tener diferentes niveles. Puede comenzar con conceptos básicos y avanzar hacia contenidos especializados, prácticas, evaluaciones o preparación para una certificación profesional.
Para comprender mejor el alcance de las rutas formativas patra tu equipo y organización, te invitamos a consultar nuestro webinar Rutas formativas, más allá de los cursos.
Antes de elegir un programa, conviene hacerse algunas preguntas:
- ¿El equipo necesita comprender mejor un tema, metodología, norma o tecnología?
- ¿Necesitamos desarrollar habilidades que después podamos aplicar internamente?
- ¿Varias personas necesitan homologar conceptos, criterios o formas de trabajo?
- ¿Buscamos preparar a profesionales para una certificación?
Si la respuesta es afirmativa en varios de estos puntos, probablemente existe una necesidad formativa.
Además, la capacitación puede ser especialmente útil cuando una organización quiere reducir su dependencia de conocimientos concentrados en pocas personas. Formar a varias personas ayuda a distribuir capacidades y facilita la continuidad cuando existen cambios de personal o nuevas responsabilidades.
¿Cuándo se requiere consultoría?
La consultoría resulta especialmente pertinente cuando existe una situación concreta que necesita ser analizada y atendida.
Imaginemos una organización que sabe que debe fortalecer sus controles de seguridad, pero no tiene claro dónde están sus principales brechas. En ese escenario, el problema no se resuelve simplemente impartiendo un curso. Primero hace falta evaluar el estado actual, entender los riesgos y determinar qué debería cambiar.
Algo similar ocurre cuando existen requisitos regulatorios, contractuales o de auditoría. La organización puede conocer la obligación, pero necesitar apoyo para traducirla a controles, procesos y evidencias que funcionen en su contexto.
Algunas preguntas pueden ayudar a identificar esta necesidad:
- ¿Sabemos qué debemos hacer, pero no cómo llevarlo a nuestra realidad?
- ¿Necesitamos evaluar nuestro estado actual e identificar brechas?
- ¿Tenemos un requisito regulatorio, contractual o de auditoría que debemos atender?
- ¿Necesitamos diseñar, implementar o mejorar procesos, controles o marcos de trabajo?
- ¿Requerimos una evaluación independiente o acompañamiento especializado?
Cuando el reto implica analizar una situación específica, tomar decisiones y construir una solución adaptada a la organización, la consultoría puede aportar un valor diferente al de una formación tradicional.
Cuando se necesitan ambas
En muchos proyectos, la decisión no debería ser capacitación o consultoría, sino capacitación y consultoría.
La pregunta clave es:
¿Además de implementar, necesitamos que el equipo aprenda a operar y mantener lo desarrollado?
Pensemos en una organización que necesita establecer un nuevo modelo de gestión de riesgos. Una persona consultora puede ayudar a analizar la situación actual, diseñar el modelo, establecer controles y acompañar su implementación.
Pero después aparece otra necesidad: quienes trabajan dentro de la organización tienen que entender cómo funciona ese modelo y saber utilizarlo.
Ahí la capacitación complementa el trabajo de consultoría.
La combinación también puede producir un resultado más sostenible. El conocimiento especializado permite construir la solución, mientras que la formación ayuda a que el equipo pueda mantenerla, actualizarla y utilizarla de manera autónoma.
Un ejemplo: una brecha de ciberseguridad
Supongamos que una empresa detecta una brecha de ciberseguridad.
La primera reacción puede ser buscar capacitación para que el personal aprenda a responder ante incidentes. Y, en determinadas circunstancias, puede ser una buena decisión.
Pero hay que hacerse una pregunta antes: ¿el equipo tiene los conocimientos necesarios y simplemente necesita reforzarlos, o la organización no cuenta con la experiencia suficiente para analizar y solucionar el incidente?
Si las personas responsables ya conocen los procedimientos, tienen experiencia y cuentan con las herramientas adecuadas, una formación específica puede ayudar a cerrar determinadas brechas de conocimiento.
La situación cambia cuando existe un incidente complejo, se desconoce su alcance, hay sistemas comprometidos o se necesita determinar cómo contenerlo y recuperar la operación.
En ese momento puede ser necesaria asesoría especializada.
Incluso puede ser conveniente combinar ambas cosas. Una persona experta puede intervenir para analizar el incidente y ayudar a establecer las medidas correctivas, mientras el equipo interno recibe posteriormente capacitación para mejorar su capacidad de detección y respuesta.
Este ejemplo muestra por qué no siempre conviene elegir un servicio únicamente por su nombre. Lo importante es entender qué problema existe y qué resultado se espera conseguir.
Cómo tomar la decisión
Antes de contratar un servicio, puede resultar útil describir el problema en una sola frase.
Por ejemplo: «Necesitamos que nuestro equipo aprenda a utilizar esta herramienta» apunta hacia una necesidad formativa.
«Necesitamos saber qué tan preparados estamos frente a este riesgo» apunta más hacia una evaluación o consultoría.
«Necesitamos diseñar e implementar un proceso y después conseguir que nuestro equipo pueda gestionarlo» probablemente requiere ambas.
También conviene valorar el tiempo disponible, la experiencia interna, la complejidad del problema y las consecuencias de tomar una decisión incorrecta.
Una organización con profesionales muy especializados puede necesitar apoyo externo para un proyecto puntual. Otra con poca experiencia interna puede beneficiarse más de un acompañamiento prolongado que combine implementación y transferencia de conocimiento.
No hay una fórmula única.
Capacitación y consultoría pueden complementarse
La capacitación y la consultoría responden a necesidades diferentes, pero no tienen por qué competir entre sí.
La primera ayuda a desarrollar capacidades. La segunda ayuda a resolver situaciones concretas utilizando conocimiento especializado.
Cuando se combinan adecuadamente, pueden generar un efecto interesante: la organización recibe apoyo para afrontar un problema actual y, al mismo tiempo, desarrolla las capacidades internas necesarias para seguir trabajando después.
La clave está en no comenzar por el servicio, sino por la necesidad. Antes de preguntar «¿qué curso necesitamos?» o «¿qué consultoría debemos contratar?», conviene plantear una cuestión más básica: ¿qué queremos conseguir y qué nos impide conseguirlo actualmente?
A partir de ahí resulta mucho más sencillo determinar el tipo de acompañamiento adecuado.
¿Qué necesita tu organización?
En Cynthus podemos ayudarte a identificar qué tipo de acompañamiento necesita tu organización, desde capacitación especializada hasta servicios de consultoría y soluciones integrales.El objetivo no debería ser contratar más servicios, sino encontrar el apoyo que realmente contribuya a resolver la necesidad existente, desarrollar las capacidades del equipo y conseguir resultados que puedan mantenerse en el tiempo. ¡Contáctanos!